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Vender cuando se va la luz o el internet

En República Dominicana no es una hipótesis: es un martes cualquiera. Un sistema en la nube que deja de funcionar cuando se cae la conexión no es un sistema — es una promesa. Esto es lo que de verdad hay que preguntar antes de contratar, y cómo se comprueba.

Las tres preguntas que casi nadie hace

Todos los sistemas dicen «funciona sin internet». Lo que distingue a uno que sirve de uno que no, son estas tres:

  1. ¿Abre sin conexión? No «sigue abierto si ya lo tenías abierto» — que se recargue la página con el internet caído y arranque igual. Muchos muestran el error del navegador y ahí se acabó la venta.
  2. ¿El cliente se lleva su comprobante fiscal? Aquí es donde casi todos fallan: guardan la venta, pero el NCF se asigna en el servidor. El cliente se va con un papel provisional y un «mañana le doy la factura».
  3. ¿Qué pasa cuando el internet está malo, no caído? El caso más común y el más traicionero: el router encendido, el wifi con todas las rayas, y nada carga.
La tercera es la que separa el grano de la paja. Un sistema que solo mira si el navegador «dice» que hay red se equivoca justo en ese caso: el navegador dice que sí porque estás conectado al router, la venta sale por el camino normal, falla, y no se guarda en ninguna parte. Esa venta se perdió.

Por qué el NCF es el problema difícil

Guardar una venta sin conexión es fácil. Lo difícil es el número fiscal.

El NCF se asigna normalmente en el servidor, con un contador único. Si dos cajas sin internet toman «el siguiente» a la vez, acaban con el mismo número. Eso no es un error de programa que se arregla con un parche: son dos comprobantes fiscales idénticos declarados a la DGII.

La solución seria es la misma que usaban los talonarios de papel: a cada caja, su bloque. Cada terminal pide por adelantado un rango de comprobantes que quedan apartados solo para ella. Sin internet, toma el siguiente de su bloque y el cliente se va con su NCF de verdad impreso.

Tiene un coste, y conviene saberlo. Los números reservados y no usados dejan un hueco en la numeración. Es deliberado: un hueco se le explica a la DGII; un número repetido, no.

Y cuando vuelve el internet

Ahí aparece el segundo problema difícil: que nada se duplique.

Si una venta llegó al servidor pero se perdió la respuesta —lo normal con internet malo— el sistema cree que falló y la reenvía. Sin protección, sale una segunda factura por el mismo cobro. La forma correcta es que cada venta lleve una clave de idempotencia generada antes del primer intento y que no cambie nunca: el servidor reconoce la repetición y devuelve la factura que ya emitió.

El orden también importa. Las ventas se reenvían en el orden en que se cobraron, no en el que lleguen: las existencias se descuentan en ese orden y los comprobantes salen consecutivos.

Qué se puede hacer sin conexión, y qué no

Sin internet¿Se puede?
Abrir el programa
Vender y cobrar de contado
Entregar el NCF al clienteSí, con bloques reservados
FiarSí, se confirma al volver
Recibir mercancía
Imprimir el ticket
Cargar productos nuevosNo
Reportes al díaNo: se calculan en el servidor
Firmar e-CFNo: por definición exige hablar con la DGII

Esa última fila importa cada vez más. Con e-CF, emitir necesita conexión — es la diferencia práctica más grande respecto al NCF impreso, y la que nadie menciona al vender. Con el plazo del 15 de noviembre de 2026 encima, pregúntalo antes de firmar nada.

Cómo comprobarlo tú mismo, en cinco minutos

No te fíes de la página de nadie, incluida esta. En la prueba gratis de cualquier sistema:

Qorevia hace las cuatro. Cada caja reserva su bloque de NCF cuando hay internet, lo usa cuando no lo hay, y al volver la señal los números de las facturas emitidas coinciden exactamente con los que se imprimieron en papel. La detección no se fía de lo que diga el navegador: si el servidor no responde, la venta se guarda.

Lo que no hace: firmar e-CF sin conexión. Eso no lo hace nadie, porque es imposible.

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